Mostrando entradas con la etiqueta Bruce Willis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bruce Willis. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de febrero de 2013

Morgan vuelve


¿Pero qué paso con la Bomba Atónita? ¿Vuelve? ¿En que consistía exactamente? ¿Seguro que era sobre cine?¿Tenía interés? ¿Qué fué de Harvey Dent?

¿Os da igual todo esto? A mí también. No estoy aquí para psicoanalizarme, ni siquiera estoy aquí, esto son sólo letras que quieren romper los moldes de lo previsto, lo previsto por mí claro está, hay que empezar poco a poco.

No tengais prisa, piquemos este agrio monólogo con parrafos cortos, reencontrémonos como si fuésemos exnovios que aun se quieren y llevan mucho tiempo sin verse, hablemos de temas que inquietan sin saberlo, como por ejemplo... 1,2,3: ¡Morgan Freeman!

¿Pues nunca se ha encontrado uno con una galleta en la boca y una película de Morgan Freeman en la tele de la cocina? No disimuléis. Fiabilidad, temple, sabiduría pura desde el principio de los tiempos, que más se puede pedir ¿audiencia? La tiene. Si hablamos de Morgan, no existe temor a la banalidad. El sólo hecho de verle nos dignifica, nos convierte en 'espectadioses', nuestra frente se ilumina, el sofá brilla, las abuelas bailan...

Estamos ante un tema muy serio, algo que DEBE interesarnos, hay que pensar más en Morgan Freeman, hay que salir a la calle a hablar de Morgan Freeman, igual que el oxígeno, los vinilos o los bocatas de caballa, este es un tema sobre el que hay que pararse a meditar de vez en cuando.

Si hiciésemos un ranking de actores con el don de interrumpir un intenso zapping, Freeman es oro puro, Denzel le sigue de cerca, siempre y cuando Morgan no haga de poli con sombrero y gabardina, porque entonces señores, aquí se acaba el partido, vale que Bruce Willis, James Stewart y Tom Hanks podrían formar una triada blanca letal de los sofases, capaz de hacer temblar las pepitas inexplicables del rostro de Mr.Freeman a la hora de ver con cual se para antes el zapping. Pero de ellos hablaremos otro día.

No obstante, y lo digo sin ningún tipo de acritud, algo pasa con Morgan. Este hombre siempre ha estado de vuelta de todo, nunca habla de más, sólo dice la mitad de lo que tienes que saber, nunca pierde su sitio, dicen que Dios llegó a hacer de él en una película, el mejor papel de Dios me atrevería a decir. Dado que este es un blog de cine, supongo que lo que querréis saber es la cuestión relativa a si este señor es un buen actor. Pues bien, si eres de esos que aprecia una labor interpretativa por su capacidad para recordarte a un trabajo anterior de dicho sujeto, los dos gestos que siempre hace Morgan Freeman te parecerán puro cine, porque otra cosa no, pero este hombre nunca pierde la oportunidad de hacer dos cosas que con el tiempo se han convertido en el pilar fundamental de sus películas: La primera consiste en reírse mucho para demostrar que es muy buena persona y que disfruta mucho de la larga vida plena de sabiduría que ha vivido, y la segunda es quedarse sentado, bien para pensar mucho en alguna cuestión de gran importancia que implica pensarla muy seriamente , o bien para dar un consejazo a algún pobre incrédulo que se encuentre en alguna encrucijada vital que no acabe de entender. Si ese tipejo fuese yo, seguramente me diría:

'Déjate de tonterías chaval, a ti lo que te gusta es el cine, no la farándula, vale que no sabías como empezar, pero yo creo que ya vale de meterse con un pobre viejo, hay siete pecados capitales: la gula, la avaricia, pereza, ira, soberbia, lujuria y la envidia. Siete. Prepárate para cinco crímenes más' ¿Cómo dices Morgan? 'Perdona muchacho, no era eso lo que quería decir, me refiero a que hay siete pecados' ¡Joder Morgan que se te pira otra vez! 'Pues eso, que me dejes tranquilo chaval, que he hecho Seven, Cadena Perpetua, he paseado a Miss Daisy,Batman me pide consejo, Nelson Mandela se parece a mí, no he sido joven en mi vida, comparto doblador con Gandalf y tú no has escrito una mierda que merezca la pena en los últimos cinco meses, así que déjame vivir y escribe algo de verdad, ¡gánate la audiencia coño!'

Así lo haré Morgan, así lo haré...

"¡Tss!...No te pases ni un pelo chaval"

viernes, 6 de julio de 2012

Moonrise Kingdom



¡Edward G Robinson ha vuelto! Lleva gafas, un mapache cosido al pecho, tiene menos de 12 años, se llama Sam Shakosky, y la vanidosa sinceridad de su carácter, es lo más atormentado que ha parido el celuloide en los últimos diez años. ‘Moonrise Kingdom’ es grande por sí sola, pero Shakosky la hace imprescindible. No hay duda. Ese niño es cine puro. No interesa hablar del actor, nadie quiere ver un niño de Hollywood bien avenido después de pasar un rato con Sam, sería una falta de respeto al personaje.

Claro que Sam no está sólo, le acompañan Suzy, el Jefe Scout Ward, el primo Ben, el Comandante Pierce, ‘Ojo vago’, Lionel, el resto de niños, servicios sociales, el narrador, los señores Bishop, y Bruce Willis, que a diferencia del resto de personajes le hemos visto en más películas, pero se le quiere igual.

Anderson mantiene sus premisas estilísticas, simétricas y argumentales a una distancia prudencial de la ‘atonización’ que le han producido variaciones argumentales del calibre de ‘La fuga de alcatraz’, ‘La huída’, ‘Memorias de África’, ‘Rambo’, ‘Bonnie and Clyde’, Tati, ‘La familia Monster’, Tex Avery y el espíritu ‘Cartoon’, Kubrick, Bogart, ‘La guerra de los botones’, el cinexin, y el resto de su propia filmografía. Referencias que se mantienen a una distancia similar a la del cigarro del Jefe Scout Ward. Estos referentes como en todo gran autor, son una debilidad que condiciona el conjunto sin cuestionar su originalidad. O lo que es lo mismo: Anderson rebautiza todo lo que le gusta haciendo que evolucione tal y como pueden haberlo hecho Tarantino, Spielberg, Allen, Scorsese y algún que otro principiante, convirtiendo lo ajeno en algo propio.

A esto hay que añadir los juguetes  que el universo ‘post-tenenbaum’ trajo consigo, aquí están todos y se utilizan sabiamente enriqueciendo elementos ya consagrados en los primeros films del tejano. Hablamos de los thrillers cotidianos, la importancia de las palabras, las descripciones de lugar y esa esterilización de emociones que permite a Mr. Anderson describir las acciones de una forma tan magistralmente sencilla.

Partiendo de todos estos elementos, el director deja salir a flote sus sentimientos infantiles, y convierte a sus héroes en el reflejo de todo lo que no se debe hacer para alcanzar la frustración de sus personajes adultos. Y ahí tenemos la película.

Para no aburrir, no hablaré de lo sublime que me ha parecido la presentación del campamento, ni de la maestra utilización del zoom technicoloriense, ni de lo bien que sintoniza el barroquismo de Henry Purcell en una casa de muñecas, ni de cómo el Bill Murray ‘post translation’ (el ‘cazafantasmero’ se quedo en Rushmore) ha aprendido a agredir a la gente de forma más graciosa en cada película. Quien quiera comprobar cómo las bombas atónitas pueblan las galaxias cinematográficas que realmente merecen la pena, que se vaya al cine, y olvide durante un rato todo aquello que no le 'atonize' de forma tan directa y apabullante como es capaz de hacerlo un amante de la pana y la simetría capaz de hacer joyas como ‘Moonrise Kingdom’.